lunes, 20 de julio de 2009

Huergo J.: Genealogía de la cultura y la escolarización

Genealogía de la cultura y la escolarización
Jorge A. Huergo
Margen, Revista de Trabajo Social. Buenos Aires, Nº 7/8, Abril de 1995.


Jesús Martín Barbero en el reportaje trabajado hace una fuerte separación entre las culturas populares y la cultura letrada, que hemos oportunamente registrado.
En América Latina este enfrentamiento tiene sus características propias y también sus propias interpretaciones y construcciones teóricas. El largo proceso histórico de disciplinamiento fue efectivamente precedido por el descubrimiento y la conquista. ¿Qué ocurrió con la cultura en Latinoamérica? Trataremos de descifrar cómo nació la cultura que hoy llamamos latinoamericana, y cuánto y de qué modo actuó sobre ella la Modernidad. En esta cultura y esta cultura, en definitiva, es la que circula o no por la institución escolar latinoamericana.

Los cruces
¿Qué impacto tuvo/tiene la Modernidad en América Latina? Néstor García Canclini nos ofrece algunas pistas que tienen que ver con su interrogante inicial: ¿Cuáles son las estrategias para entrar y salir de la modernidad? En primer lugar, es necesario observar cómo en América han existido sucesivos cruces socioculturales que ayudaron a configurar lo que hoy denominamos cultura latinoamericana. Cruces socioculturales que pueden ser desglosados en cruces étnicos, religiosos, materiales, simbólicos, geográficos, etc. En general, en los procesos de cruzamiento se dieron procesos de oposición, o de paulatina integración: en términos antropológicos, procesos de aculturación, de transculturación, de desculturación, que en ciertos momentos significaron acentuar las similitudes y atenuar la diferencia, y en otros, al contrario. Rara vez la cultura latinoamericana se constituyó por procesos de sustitución o superpoblación: uno de los ejemplos de este proceso es el modo de actuar del positivismo en Argentina respecto del supuesto de bivertebración cultural, que coincidió conla constitución del sistema no sólo educativo, sino jurídico-político y económico argentino. Para nosotros este proceso tiene relevancia, pero lo trateremos en la Unidad temática siguiente.
En principio, podemos distinguir una visión dura de una visión blanda de este primer encuentro entre la cultura india y la cultura europea. En la visión duar podemos situar al primer obispo de Chiapas, Fray Bartolomé de las Casas, a Todorov y al filósofo de la liberación Enrique Dussel (argentino). Esta posición ha sido explicada en el apunte sobre Modernidad. En ella se pone énfasis en el proceso de conquista a través de la fuerza violenta, y de dominación a través de estrategias políticas, eróticas y pedagógicas.
En la visión blanda podemos ubicar a quienes consideran que el cruce cultural indio/europeo tuvo como eje principal la evangelizaciónl. En este sentido, podríamos hablar de paradigma guadalupano. En efecto, la aparición en el cerro Tepeyac (México) de Nuestra señora de Guadalupe, patrona de América, marca un proceso de síntesis cultural cuyo eje es de tipo religiosos, pero no ya vinculado a la idea de cristiandad predominante en el Medioevo (donde la fe se confunde con la cultura), sino vinculado quizás a las nuevas ideas sobre la evangelización que suponene que la fe se "encarna" en una o cualquier cultura, sin destruirla. Desde esta posición suelen distinguirse dos procesos: el de dominación, vinculado a lo político y económicos y el de mestizaje, vinculado a lo cultural y religioso. Quizás el hombre que da origen a esta doble dimensión interpretativa de la conquista es Don Juan de Zumárrga, obispo de México al momento de la aparición de la Guadalupana (sobre la aparición de la Virgen de Guadalupe, ver anexo).
De todos modos, podemos hablar a partir de estos hechos según tres conceptos:
- Mestizaje: que indica el proceso de sucesivas mezclas raciales, en especial las mezclas entre europeos e indios en Latinoamérica; también, en ciertos sentidos, entre formas culturales de ambos. La Iglesia latinoamericana prefiere este término para designar el que llama la “matriz cultural latinoamericana” (véase Documento de Puebla, 1979).
- Sincretismo: que indica la serie de fusiones simbólicas y religiosas vividas por los pueblos latinoamericanos, en general de la mano de procesos generales de mestizaje.
- Heterogeneidad: que indicaría, como el término de por sí lo dice, la multiplicidad de orígenes, en sentido amplio, el término también habla de los cruces multitemporales, determinados por la historia. García Canclini pone énfasis, para entender este concepto, en oposición tradición/modernización, y expresa que en A.L. nunca hubo sustituciones, sino siempre entrecruzamientos que denomina heterogeneidad cultural.
Canclini, en culturas híbridas prefiere introducir el término hibridación para designar las diversas mezclas interculturales en Latinoamérica. Más aún, podríamos entender la identidad de Latinoamérica en función de sus hibridaciones. Creemos nosotros que, paradójicamente, para comprender la identidad latinoamericana, debemos hacerlo por el camino de las diferencias y no de las similitudes.

El mito de la pulcritud
En el texto ya trabajado de Rodolfo Kusch, “Introducción a América” de su América profunda, el autor propone una dualidad en la comprensión de Latinoamérica. Distingue hedor y pulcritud. Para él, no tenemos formas de pensamiento para comprender América, sólo podemos aproximarnos, porque en Latinoamérica habría un divorcio entre el sujeto pensante y el sujeto cultural: uno es europeo y el otro latinoamericano. Esta dualidad implica un doble modo de situarse en América, dos modos de transitar por América: lo deseable y lo indeseable. Este conflicto, observa Kusch en sus obras, se da en la cotidianidad latinoamericana. En ella hay una presión de lo “bárbaro” que “está nomás” y otra de la “sociedad de consumo”: un patio de objetos que se seduce permanentemente.
De este modo, podemos distinguir el estar nomás o mero estar propio del hedor, y el deber ser alguien propio de la pulcritud. Esto ha sido explicado en el apunte sobre Modernidad.
Lo cierto es que preexiste en la historia cultural latinoamericana un mito, el mito de la pulcritud, según el cual la “civilización” y el progreso (la pulcritud) debe remediar (o excluir) el hedor. Desde aquí se juzga a América: la pulcritud restituye el ser a lo que está nomás.
Necesitamos tener en cuenta dos ejes para comprender América en profundidad:
- los productos culturales o “patio de los objetos”
- el sujeto cultural o constructor creativo.
Sólo desde esta distinción podremos acercarnos a entender la totalidad americana.
Kusch propone esta visión dura, que alcanza incluso al punto de explicar que el impulso “civilizatorio” en América siempre necesitó mutar o cambiar el ethos popular. Mutación del ethos popular que movió a todos posproyectos político-culturales latinoamericanos, incluso al proyecto de Paulo Freire, como veremos más adelante en la unidad 4. Para Kusch, la concientización de Freire no es más que la mutación del ethos popular que permite la inclusión del campesino-indígena a la dinámica capitalista de lo urbano.
Esta dualidad marca los ejes culturales que comprenden el “saber sistematizado” en la educación escolar latinoamericana. Lo que la escuela deberá transmitir es la pulcritud no sólo de saberes modernos (científicos, tecnológicos, etc.) sino también pautas de vida, conductas, valores de la cultura occidental “pulcra”. De allí la doble función de la escuela: transmitir productos culturales y moralizar, normalizar o disciplinar a los diferentes.
Para Renato Ortiz, han existido o existen tres modelos de política cultural en A.L., que no son ajenos a la función de la educación escolar. Nosotros agregaremos un cuarto modelo: el iluminista.
El primer modelo es el romántico, que supone una visión que se queda con lo folklórico, lo ya sido, la tradición, lo patrimonial. Prefiere lo emprírico a lo intelectual, lo particular y diferente a lo cosmopolita, lo que altera y sorprende la armonía social a la racionalidad del pensamiento occidental. Los románticos terminan hipostasiando la cultura popular, considerándola como algo separado y la esencia de la identidad.
El segundo modelo es el iluminista, que supone una visión opuesta, que se queda con lo nuevo, las luces de la razón, la cultura occidental. Prefiere lo intelectual, lo planetario, lo similar, lo “racional”, y actúa con lo diferente según diversos grados de violencia.
El tercer modelo es el de la reproducción social, que sólo advierte los procesos culturales y educativos como reproducción de las estructuras socioeconómicas capitalistas. Explica la distribución desigual de capital cultural en términos de reproducción lo que hace que entienda que lo popular es sólo dominado, subalterno de lo dominante.
El cuarto modelo es el gramsciano, menos determinista, que reconoce un poder de resistencia en lo popular. El pueblo usa y refuncionaliza los bienes culturales y en ello presenta una efectiva contradicción a lo hegemónico. La cultura popular se modifica permanentemente en los procesos de resignificación al apropiarse de bienes culturales.

De las culturas orales a la hegemonía visual

Walter J. Ong, en Oralidad y Escritura, describe las psicodinámicas de la oralidad en el capítulo tercero. Veremos estas características en el comienzo de un cuento de la escritora chilena Isabel Allende, para su mejor comprensión.
“El nombre que me dio mi padre es Walimai, que en la lengua de nuestros hermanos del norte quiere decir viento. Puedo contártelo, porque ahora eres como mi propia hija y tienes mi permiso para nombrarme, aunque sólo cuando estamos en familia. Se debe tener mucho cuidado con los nombres de las personas y de los seres queridos porque al pronunciarlos se toca su corazón y entramos dentro de su fuerza vital. Así nos saludamos como parientes de sangre. No entiendo la facilidad de los extranjeros para llamarse unos a otros sin asomo de temor, lo cual no sólo es una falta de respeto, también puede ocasionar graves peligros. He notado que esas personas hablan con la mayor liviandad, sin tener en cuenta que hablar es también ser. El gesto y la palabra son el pensamiento del hombre. No se debe hablar en vano, eso le he enseñado a mis hijos, pero mis consejos no siempre se escuchan. Antiguamente los tabúes y las tradiciones eran respetados. Mis abuelos y los abuelos de mis abuelos recibieron de sus abuelos los conocimientos necesarios. Nada cambiaba para ellos. Un hombre con buena memoria podía recordar cada una de las enseñanzas recibidas y las sabía cómo actuar en todo momento. Pero luego vinieron los extranjeros hablando contra la sabiduría de los ancianos y empujándonos fuera de nuestra tierra. Nos internamos cada vez más adentro de la selva, pero ellos siempre nos alcanzan… (Walimai”, en Cuentos de Eva Luna, de Isabel Allende).
Ong explica que para las personas letradas, alfabetizadas, es difícil imaginar una cultura oral primaria, sin ningún tipo de escritura. Uno de los rasgos fundamentales de la cultura oral es la necesidad de un interlocutor; en el cuento, relatado en segunda persona del singular: “puedo contártelo…”, aparece claramente esta característica. El relato tiene sentido por el interlocutor del protagonista. El interlocutor es, en el contexto, quien suple la falta de texto, o al revés, el texto elimina la necesidad del interlocutor para saber.
Desde el inicio, el nombre adquiere un valor inusitado, incluso puede ser pronunciado “en familia”, la familiaridad en la transmisión oral así como el valor del nombre son otros rasgos importantes. Al pronunciar el nombre “se toca (el) corazón (…) entramos dentro de (la) fuerza vital”. El nombre, unido al ser, corresponde al ethos personal, al núcleo más “interior” de la persona, a su fuerza vital; pero además confiere un poder al ser pronunciado. La “facilidad” al pronunciar el nombre, o la “liviandad” en el hablar en general es propia de los extranjeros, sabedores de cosas leídas, pero ignorantes de la fuerza vital de las palabras. Es claro, a las palabras, decimos por experiencia, “se las lleva el viento”; las palabras –dice Ong- además de no tener presencia visual, son sonidos que pueden ser evocados, pero no hay manera de detener, físicamente, el sonido, la palabra dicha se pierde en el espacio y el tiempo; la palabra, en cuanto sonido, es aire, es rual, es atman, es pneuma, palabras que significan todas ellas aire, y a la vez espíritu o alma para los hebreos, los hindúes y los griegos, respectivamente. Incluso el término psiquis provine del otro anterior: metámpsixis, que en griego significaría algo así como lo que se produce a través del frío que conlleva lo aireado. Todo ellos (esos términos) principios de vida, fuerzas vitales… y sin embargo se las lleva el viento, su libertad no puede ser apresada con la liviandad del decir o la escritura. Incluso tratar el nombre con esa facilidad o hablar con liviandad, “puede ocasionar graves peligros” porque tiene esto relación con lo descomunal, con lo cósmico, con fuerzas naturales (o sobrenaturales) que no pueden ser controladas por el hombre.
Más allá de los procedimientos y las psicodinámicas, “hablar es también ser”; tan opuesto al sello definitivo explicitado por Agnes Séller cuando habla de occidente. Séller dice que ese sello distintivo de la modernidad occidental es la contradicción entre lo que se dice y lo que se hace con los otros, entre lo que se piensa de sí mismo y lo que realmente se es; en la práctica. Para Walimai, para la oralidad en genera, hay una profunda compenetración (más que coherencia) entre hablar y ser, rota –quizás- por el impacto de la modernidad. “El gesto y la palabra son el pensamiento del hombre”, donde el pensamiento está estrechamente vinculado a la comunicación. La mediación del gesto y la palabra es casi inmediata, aproxima, da cuenta de lo agonístico, de lo situacional, del ethos; con la escritura como mediación, el texto aleja, enfría, no permite la comunicación directa con el otro, sino con un pensamiento desvinculado del ser, del ethos, del discente. La palabra de la escritura, sin gesto. Es sólo palabra en el sentido de una tecnología, no ya en un sentido vital. La palabra escrita es una hechura que queda ahí y se lee desde la solitariedad: está más vinculada a la permanencia, es lo dicho que pueda ahí escrito y no el decir propio del pronunciar, del expresar el ser. La tecnología escritural, más bien, apresa la palabra, y por tanto el ser.
El saber de la oralidad es acumulativo y vinculado a la tradición. El papel de los abuelos que transmiten “los conocimientos necesarios”, indica por un lado el valor de la experiencia acumulada por generaciones, y por otro lado el carácter más bien empírico del saber: saber para vivir, para satisfacer necesidades vitales. Para esto, del otro lado, es necesario “un hombre con buena memoria”, que se ve fortalecida por el ritmo en la respiración ylos gestos, a veces por la danza, por la redundancia que refuerza. Esta memoria es para saber “cómo actuar en todo momento”, es decir, está en función de un saber situacional, un saber desenvolverse en función de la experiencia. Esta experiencia expresada muchas veces en refranes o proverbios es el núcleo de la sabiduría (la hokmá para los hebreos).
El recuerdo de Walimai dice: “nada cambia para ellos”. La cultura oral primaria tiende a ser homeostática, contribuye al equilibro sociocultural, a la armonía con el medio: las tradiciones orales no son sólo curiosidades ociosas sobre el pasado, sino que reflejan los valores culturales del presente y tienden a atenuar el conflicto de la vida cotidiana.
Oído
Registra la interioridad y exterioridad
La voz proviene del interior
El oído une, envuelve al oyente
Es multidireccional
Es un sentido unificador
El ideal: la armonía

Vista
Registra sólo la exterioridad
La vista se adapta a la luz exterior
La vista aísla, divide, sitúa al observador fuera de lo que mira
Tiene sólo una dirección a la vez
Es un sentido divisorio
El ideal: la claridad y la distinción

“Pero luego vinieron los extranjeros….” El cuento da cuenta de la lucha de las culturas orales por su preservación, una lucha muy concreta contra “extranjeros”. Una lucha violenta donde “siempre nos alcanzan”; en general, el saber unido al poder en los extranjeros, marca una superioridad de fuerzas que hace que en lo concreto y en lo simbólico la cultura oral se vea sometida, aunque se internen “cada vez más adentro de la selva”. En realidad, la modernización, el paso a la hegemonía escritural, es visto como proceso de dominación con dos posibles consecuencias que las culturas orales sean alcanzadas en el mestizaje, la alfabetización, la heterogeneidad, que generalmente implica una posición desventajosa que los sitúa en lugares de dominados en las nuevas estructuras socioeconómicas; y la otra consecuencia: que las culturas orales queden cada vez más dentro de la selva, excluidas, desterradas (“fuera de nuestra tierra”), carentes de posibilidades en la lucha por vivir.
1 modos de comunicación
2 estructuración de la percepción
3 evolución en el imaginario colectivo, las creencias, expectativas, accionesPodemos establecer algunas diferencias entre el oído (sentido propio de la cultura oral) y la vista, dominante en la lógica escritural (de allí que hablemos de una hegemonía visual).











Como vemos las diferencias son notables. La vista propone como ideal algo que Descartes pretendió como criterio de conocimiento verdadero: lo claro y distinto. De este modo se constituye una hegemonía visual que dominará no sólo el conocimiento válido, sino también el proceso científico.
La alfabetización
La principal función de la escolarización en la Modernidad ha sido la alfabetización de los pueblos. Si hay una causalidad recíproca entre tres elementos, a saber:
El cambio en 1. repercute en 2.; la co-evolución entre los procesos 1. y 2. impacta en 3. Los modos de comunicación tienen un efecto estructurador/desestructurador sobre la conciencia.
La alfabetización, desde este marco, más que una técnica para situarnos en el mercado de trabajo respondiendo a una dinámica industrial-capitalista, y para poder participar de la lógica occidental, máss que eso, la alfabetización sirve para lograr la reestructuración de la conciencia. Esto lo muestra Ong en el capítulo V de su obra.
Esa reestructuración se da de un modo drástico e irreversible. Aunque abre nuevas sendas al conocimiento, cierra otras definitivamente. Esto es, en esencia, la mutación del ethos popular.
La alfabetización, emparentada con la lógica escritural y masificada con el complejo imprenta/escuela; provoca proceso de los que nunca se vuelve:
- estructuración de la experiencia
- generación de sistemas de valores
- adscripción a ciertos estilos estéticos
- adhesión a la civilización occidental
Este proceso es el que asume, en la Modernidad, la escuela, como institución socializadora.

Bibliografía utilizada
Allende, Isabel. Cuentos de Eva Luna.
CELAM. Documento de puebla.
García Canclini, Néstor. Culturas híbridas.
Kusch, Rodolfo. América Profunda.
Kusch, Rodolfo. Geocultura del hombre americano.
Ong, Walter. Moralidad y escritura.
Ortiz, Renato. Cultura popular: románticos y folkloristas.
Piscitelli, Alejandro. Oralidad, distinción y disciplinamiento.

Carballeda A.: Lo normativo y la educación

Lo normativo y la educación
Revista Márgen Nº 1 (octubre 1992)
Lic. Alfredo J.M. Carballeda *


"No se habitúa al aseo, esa moral del cuerpo, quien no tenga camisa para mudarse"
D.F.Sarmiento

"Pero de una manera general, las prácticas punitivas se habían vuelto púdicas. No tocar ya el cuerpo, o lo menos posible en todo caso, y eso para herir en el algo que no es el cuerpo mismo... El cuerpo, según esta penalidad, queda prendido en un sistema de coacción y de privación, de obligaciones y prohibiciones"...
M. Foucault

"Cuando sobrevenga la hora del orden, el orden se hará pagar. El orden -dijo el padre de Augusto Miller, esa noche- hará que se le pague el rigor que utilizará para aniquilar a los utopistas, para que los sueños de los utopistas sean evocados con, aflicción y horror, para abolir, tal vez, la utopía".
A. Rivera (Apuestas)

A principios del siglo pasado comenzarán a conformarse los distintos marcos conceptuales, categorías de análisis, niveles de explicación del saber, lo cultural y la política que atravesarán y darán forma al pensamiento occidental, tal como lo conocemos ahora.
Estos hechos se expresaron en forma sistemática y consecuente en toda América Latina en general y en nuestro país en particular. En todo el mundo se estaba gestando una especie de nueva utopía política que dejará de lado la metáfora de la "pureza" como finalidad, para cambiarla por la de disciplina. Los ideales de la Edad Media se habían derribado. Todo este proceso tenía una relación clara y definida con la Revolución Industrial, creándose de esta manera una nueva categorización del saber. Saber que lentamente se irá transformando en sinónimo de disciplina, de método, de orden. De la misma manera que las fábricas, mejoraron los sistemas de producción llegando hasta formas altamente tecnificadas, el conocimiento tomará un camino similar, conformándose categorías de saber cada vez más especializadas que comenzarán a ocupar espacios claramente definidos por ese modelo de sociedad. En nuestros países latinoamericanos, estas circunstancias coincidirán con dos fenómenos trascendentales; la consolidación de la dependencia económica, política y cultural con la metrópoli y la conformación de los llamados "estados modernos". Surgirá el concepto de democracia, que relegará a la ilegalidad a todas las demás formas de gobierno.
Desde la idea de igualdad ante la ley, la necesidad de una constitución hasta la organización de la instrucción en todos los niveles, las distintas expresiones políticas de los países europeos y también sus colonias comenzaban a adaptarse a la revolución industrial.
Un nuevo orden mundial se estaba conformando. Su finalidad va a apoyarse en las respuestas a cada vez mayores necesidades que ese propio orden iba generando. Desde Europa y más concretamente desde Inglaterra, se le asignará a la América Hispana un lugar claro y definido.
Sobre la última década del siglo XVIII, en Gran Bretaña la producción superará al consumo interno. En poco tiempo más entrará en escena el imperialismo mercantil, que apoyado en las ideas de Adam Smith condenará a nuestro continente a una dependencia tal vez mayor a la que se tenía con España. Las invasiones inglesas serán una de las primeras expresiones de esa nueva política.
En la Argentina aparecerán los seguidores de las teorías liberales en la economía y russonianas en el derecho, conformándose un nuevo discurso -híbrido si se quiere- que en las figuras de Rivadavia y Sarmiento cobrará una de sus máximas expresiones. El surgimiento de las disciplinas llamadas científicas en nuestro país es acorde con todas estas circunstancias. Es desde allí donde pretendemos rastrear los entrecruzamientos fundamentales que van a dar forma al Trabajo Social tal como lo conocemos en nuestros días. Es en la relación entre países centrales y periféricos y en la aplicación de los supuestos autodenominados civilizados, donde podremos encontrar elementos conceptuales que pondrán el acento básicamente en lo normativo, para expresarse inmediatamente como instrumentos de control social. Control social que en los países periféricos se irá particularizando y acentuando alrededor del fenómeno de la dependencia.
En nuestro país, la primera expresión de estos hechos es previa a la conformación del Estado, la Constitución o el modelo de nación de la generación del ochenta. Las primeras ideas se expresan desde reformas legislativas y decretos que le darán a la educación un lugar inusitado para ia época. La Reforma de Rivadavia, con la propuesta del modelo Lancasteriano en educación podría ser un ejemplo del trueque entre los conceptos de "pureza" -que se manejaban en la educación en los años de la colonia- por el de disciplina, que tenía auge en los países más industrializados de aquella época.
Si a este hecho le agregamos otras propuestas de la Reforma de Rivadavia, como la creación de la Sociedad de Beneficencia, se podrá acordar en que la aplicación práctica de los modelos de control social que derivarán en una cada vez mayor tecnologización de éste, se corresponden con aquel período histórico.
Estas ideas aplicadas en la educación tendrán un continuador, y si se quiere un perfeccionista, en Domingo F. Sarmiento. Es así que los modelos de control y expresión en la educación seran profundizados por éste. El modelo educativo de la civilización se mostrará con todo vigor sobre el final del siglo pasado y sobrevivirá a nuestros días prácticamente puro. Este modelo educativo se propondrá a través de tres conceptos: moral, virtud y disciplina. Probablemente en la Sociedad de Beneficencia -creada por Rivadavia en 1823- en sus registros, en sus reglamentaciones y en sus acciones, encontremos algunos antecedentes interesantes... "la Sociedad, después de un examen prolijo en todas las escuelas de la ciudad que están a su cargo, habiendo adjudicado a las niñas que los habían merecido los premios a la aplicación, procedió a dar cuenta al Exmo. Gobierno, quien aprobó las resoluciones de la sociedad...". El 26 de Mayo por la mañana, las puertas del Templo de San Ignacio fueron ocupadas por un destacamento de tropas; el coro bajo de la iglesia estaba dispuesto en anfiteatro para recibir a las alumnas del Colegio San Miguel y las demás escuelas de la ciudad. En el centro estaban los asientos para las socias ylas señoras convocadas, las naves estaban abiertas a los espectadores cuya concurrencia era numerosa. El coro de música ocupaba una de las tribunas altas. La sesión se abrió a la una; a la agitación que reinaba en todos los ángulos del Templo sucedió el más profundo silencio... La presidenta de la Sociedad se paró y leyó el discurso siguiente; en el presente año de 1830, los frutos de trabajo de la sociedad en los años anteriores han empezado a recogerse; una porción de jóvenes educadas bajo la dirección de la Sociedad se mantienen honradamente... seis de ellas, que se han distinguido por sus conocimientos, moral y aplicación, han sido elegidas para maestras y monitoras de los establecimientos que se hallan bajo la dirección de la Sociedad de Beneficencia"... -1-
La Sociedad de Beneficencia simbolizaba el "progreso", la "acción civilizada" para paliar la "pobreza" y el "abandono". Pero, ese símbolo, esa pompa, esa ceremonia de la virtud, ocultaban algo más importante; el inicio de un control social que paulatinamente se incorporará a la esencia de las instituciones. Este hecho es consecuente con el inicio de una sociedad "moderna" y por ende disciplinada. Los primeros protagonistas y efectores de ese control, ya en las postrimerías del siglo serán los maestros. Maestros que no casualmente provenían mayoritariamente de un sector marginal de la sociedad: las mujeres.
De esta forma, la Sociedad de Beneficencia podría ser considerada como un laboratorio del control social, desde donde surgirán las primeras categorías de "desorden", "pobreza", "diferencia"; en fin, comenzará a aplicarse desde la práctica concreta el concepto de civilización. Concepto que será sinónimo de Europa. Concepto que se antepondrá al de "barbarie", que será sinónimo de América y en parte de España. Concepto que superará lo declamatorio para comenzar a construir un modelo de acción en la práctica. Es así que se va a imponer la civilización, a veces en forma violenta, otras de manera sutil.
En la medida que estas ideas se van desarrollando, generarán un cambio sustancial en los distintos criterios que hasta ese momento tenían vigencia. Este cambio alimentará y recreará nuevas formas de observación y análisis de la realidad. Pero lo que fundamentalmente se va a renovar es la idea de "norma social". Lo normativo estaba cambiando de lugar. Lo normativo y sus consecuentes relaciones con el control y la tutela, atravesarán el proceso de conocimiento de la realidad, generarán nuevos extraños, a veces donde antes había iguales, creará una interminable secuencia de códigos, reglamentos, registros y básicamente dará un molde que aún hoy permanece inalterable a lo institucional. Las acciones de la Sociedad de Beneficencia se extenderán y paulatinamente ampliarán su espectro. La primera etapa se circunscribirá a las mujeres.
Pero la primera prueba de ese laboratorio ya con los dos sexos, comenzará años más tarde en las escuelas con los niños. Para ese cometido, se construirá lentamente una maquinaria instrumental y conceptual que se irá ratificando hasta consolidarse y expresarse a principios de este siglo en todos los niveles institucionales relacionados con el control; las escuelas, "la minoridad", el hospital, la fábrica, la cárcel.
De esta manera, el primer símbolo que aparece y que también es utilizado como argumento es "la acción civilizada de la caridad", la cual será tomada como sinónimo de progreso. Progreso que a nivel de todo el pensamiento occidental se conformará como mito, aún hoy hasta nuestros dias. Surge un control institucional nuevo, civilizado, sutil, que ya no tendrá al cuerpo como principal protagonista. Un control que mas tarde se transformará en "natural" y casi "invisible".
Un control que de alguna manera se expresa en una primera etapa a través de un sector de la sociedad: las mujeres. Tal vez este fenómeno esté ligado a uno de los pilares del modelo educativo: la virtud... "la existencia social de las mujeres es aún demasiado vaga e incierta. Todo es arbitrario respecto a ellas. Lo que a unas les vale a otras pierde; las bellas como las buenas cualidades a veces perjudican, cuando los mismos defectos suelen serles útiles... Es pues, evidentemente, útil y justo acordar una seria atención a la educación de las mujeres, a la mejora de sus costumbres y a los medios de favorecer a sus necesidades para poder llegar al establecimiento de leyes que fijen sus derechos y sus deberes, y les asegure la parte de felicidad que les corresponde" -2- (De los fundamentos de la creación de la Sociedad de Beneficencia)...
"Si no hubiere la sociedad de ocuparse de repartir igualmente la educación entre los dos sexos, cierto número de mujeres debiera en todo caso recibir una nueva educación para enseñar a los pequeñuelos los primeros rudimentos de lo que constituye la enseñanza primaria"...-3-
La mujer comenzaba a institucionalizarse desde una estrecha relación con el control. Lentamente se va conformando un modelo que se cubrió con el concepto de virtud asociado a la condición femenina. Pero tal vez, lo más importante pase por la aplicación y ejecución de esa virtud en el cuerpo social... "Artículo 40: Las atribuciones de la sociedad de beneficencia serán: 1°) La Dirección e inspección de las escuelas de niños, 2°) La Dirección e Inspección de la Casa de Expósitos, de la Casa de Partos Públicos y Ocultos, Hospital de Mujeres, Colegio de Huérfanas y de todo establecimiento público dirigido al bien de todos los individuos de ese sexo" -4-.
La mujer aparece como ejecutora de la virtud y en una primera etapa podrá aplicar ese modelo de purificación sólo sobre ese grupo. A pesar de todo, si bien la mujer aparece como confiable para llevar adelante esa tarea, su condición obviamente no es ajena a los recaudos que ae tomaban o se tenían en cuenta con toda la sociedad en general.
Mientras se acuñaba el concepto de "barbarie" para luego enfrentarlo con el de "civilización", las ideas de éste se dirigían a la sociedad y también se particularizaban en la mujer... "Desgraciadamente tan poco preparadas están nuestras mujeres para las ocupaciones que demandan el ejercicio de la inteligencia, que se creerá difícil, sino imposible, encontrar personas en estado de desempeñar ese cargo"... -5-.
"De la suerte de las mujeres depende, sin embargo, la suerte de los estados: la civilización se detiene a las puertas del hogar doméstico cuando ellas no están preparadas para recibirla. Hay más todavía, las mujeres, en su carácter de madres, esposas o sirvientas, destruyen la educación que los niños reciben en las escuelas" -6-
Por otra parte, las normas se construirán a partir de simple asimilación o copia de reglamentos, leyes o disposiciones que se aplicaban en Francia, Gran Bretaña o los EE.UU. a principios del siglo pasado. De esta forma, el concepto de civilización se filtrará y encubrirá detrás de minuciosas reglamentaciones aplicadas en los países que se van tomando como modelo. En la Argentina, a diferencia de los EE.UU., por ejemplo, lo normativo va a tener una meticulosa construcción a través de copias parciales o totales de reglamentaciones, decretos y leyes. No existe como en algunos países europeos o los propios EE.UU. una ética protestante que se traduzca en modelos de control, de aprendizaje o de sociedad. De todas maneras, esa ética protestante aparecerá encubierta por las reglamentaciones. Reglamentaciones que cuando comienzan a ser transplantadas provienen de países que se construyeron como "estados modernos" alrededor de la ética. Sarmiento se va a encargar de delinear y definir qué modelo educativo es el más moderno y civilizado.
Por un lado se importarán las reglamentaciones que al principio se mostrarán como elemento paradigmático y crucial del proceso educativo. Es así que se citará frecuentemente a Guizot, la ley de educación de Massatchusets, la Escuela de Versalles, la ley de Educación de Prusia, entre otras. Pero, por otra parte, nuevamente se hará referencia y se insistirá ya con una finalidad más clara, en el rol de la mujer en el proceso educativo, donde aparece una explícita vinculación entre la función que las educadoras deberán asumir y lo normativo... "(La educación debe) hacer insensible la transmisión del niño que sale del hogar doméstico a reconocer una nueva autoridad y obligaciones nuevas y su primera iniciación en las penas de la vida" -7-...
"La madre, al desprenderse de sus hijuelos, prefiere la "escuela de mujer", llevada del instinto materno que la hace comprender que una mujer es maestro más adecuado para la inteligencia infantil, juez indulgente para sus faltas" -8-.
"En la enseñanza mutua, el monitor no deja de ser niño, y si no promueve deja aparecer el alegre desorden, en el sistema simultáneo el maestro, mientras enseña en una clase, abandona necesariamente a los otros a sí mismos, y en todo sistema posible los niños chicos perturban la disciplina y sufren retardos en su instrucción que sólo puede evitar la vigilancia y solicitud de aquellas mujeres introducidas en las escuelas en carácter de ayudante y cuya principal función es estar siempre donde el maestro no puede estar, mantener el orden y doblegando la flexibilidad de su naturaleza hasta la condición de niño, adaptar a la capacidad de los más chicos que serían menos considerados que lo que su tierna edad requiere por un maestro severo y cansado de luchar contra la natural indocilidad de la infancia" -9-.
Es interesante profundizar la discusión de algunos conceptos que aparecen en los textos citados. Por un lado, el reconocimiento y la sumisión a la "autoridad" debe incorporarse como si fuera una suerte de inoculación y no con mucho dolor. El cuerpo comienza a pasar a un segundo plano, al introducirse nuevos y cada vez más numerosos mecanismos de vigilancia y control. Tal vez, el instrumento que Sarmiento ve como más apropiado se vincule con la "ductilidad femenina", que en parte se podría asociar a un estado "semibárbaro". El poder que pretende construirse debe ser invisible, para lograr la efectividad requerida. Quizás en esto último se exprese con mayor claridad la necesidad de lo "sutil". Por otro lado la indulgencia también es presentada como atributo femenino, pero, por detrás de ésta aparecen las normas y reglamentos como expresión de ese poder que tiene que ser cada vez menos visible. Por último, si nos preguntamos por la finalidad de este sistema pedagógico, rápidamente podrá verse que lo fundamental no es "educar al soberano" sino conformar mecanismos de vigilancia y control que se apliquen desde los primeros años de la vida.
No se plantea con claridad que la escuela es el sitio donde se va a aprender o a adquirir un conocimiento. La escuela va a ser el lugar de la enseñanza de las normas y reglamentos, el lugar donde deberá asumir cada uno qué espacio ocupa en la sociedad. La escuela funciona como entidad normalizadora... "Deberes cotidianos de los maestros y directores de asilos: -deberes de los maestros. El régimen cotidiano de los maestros de asilo pide la mayor puntualidad; deben levantarse temprano... desayunar antes de la llegada de los niños, no cesar ni un momento de vigilar... Art 99. Escritura: el maestro da un silbido y pronuncia las voces de mando siguientes "atención"; los niños se tienen de pie esperando: "media vuelta a la izquierda"; los niños dan media vuelta; "frente a las pizarras"; cada niño toma un lápiz preparado de antemano sobre la pizarra y lo tiene en su mano derecha; "tomad las pizarras": cada niño descuelga una pizarra; "sentados" y se sientan; "mirad vuestros modelos, trabajad"...-l0-.
Al copiarse los modelos de enseñanza europeos, Sarmiento no se detiene en el significado de éstos; preparar a los niños para el trabajo seriado y mecánico que genera la revolución industrial. Paradojalmente, desde el mismo espacio de poder donde se propone este modelo educativo, se cohartará todo crecimiento industrial del país, a partir de la aplicación de políticas liberales. En síntesis, lo normativo se impregnará de un sentido en parte distinto que en los países europeos.
Todo aquello que no pueda normalizarse requerirá más adelante de espacios de control más extremos, más tecnologizados; el gabinete psicopedagógico, el centro de salud, el hospital, la cárcel.
Estos conceptos permanecerán ocultos detrás de una supuesta "obsesión por el saber". El aula será un instrumento de la civilización, se denostará la "barbarie", se tergiversará el conocimiento de la historia. El saber como sinónimo de poder será patrimonio de una clase...
"No había pueblo; los criollos habían sido exterminados, amedrentados o rebajados hasta el aniquilamiento por los vencedores de Caseros, y sobre todo por los de Pavón... Los hijos de Martín Fierro y el Sargento Cruz eran educados en las escuelas de Sarmiento a despreciar a sus padres por bandoleros, y a buscar el perdón a su pecado original amoldándose mansamente a los dueños del cepo, los contingentes y la partida -11-..."
Lo europeo será sinónimo de progreso, de modernidad, conformándose un mito -no una utopía- que propondrá horizontes perversamente inalcanzables. La clase que detentará el poder trabajará tesoneramente para la Corona Británica, símbolo máximo de la civilización en el momento en que el modelo educativo de Sarmiento empieza a multiplicarse...
"Pero, no sólo la instrucción primaria como una adquisición contribuye a mejorar las costumbres, elevando el alma por el desarrollo de las facultades intelectuales, sino que las escuelas son la única ocasión que la generalidad de los habitantes de Chile tiene para adjudicar hábitos morales. Las costumbres son la moral práctica y las costumbres no las dará el artesano o el gañan que no las tiene, sino depravadas en general; ni la mujer vulgar que carece de tiempo, de medidas y de moralidad para establecerlas... La ley reprime y castiga los delitos, pero las costumbres, se anticipan a la ley. Las costumbres buenas o malas son pues la policía de la ley"...-12-.
Para la profundización del análisis, es importante estudiar otros antecedentes como por ejemplo, la "Escuela de la patria" creada en 1838 en San Juan:
"Surgió la idea de formar una casa de educación para señoritas... Un edificio inconcluso, destinado a monasterio, sirvió de local adecuado... Una señora respetable fue nombrada rectora del pensionado. Una señora con título de prefecta y otra de subprefecta, estaban encargadas además de la gestión económica del establecimiento. El director daba el impulse"...-13-.
El modelo de sociedad que se estaba proponiendo tenía a su vez un molde, profundamente enraizado en Europa. Puede parecer anecdótico el tipo de edificio elegido, que fuera en sus orígenes destinado a monasterio, o tal vez pueda leerse como una especie de símbolo del progreso donde la nueva educación ocupa el lugar de lo antiguo. Más allá de toda especulación, la elección del sitio para realizar la experiencia repite a las que se relacionaban con la concepción de la educación que se tenía en Europa en aquel momento....
"La disciplina exige a veces la clausura, la especificación de un lugar heterogéneo a todos los demás y cerrado sobre sí mismo. Lugar protegido de la monotonía disciplinaria... el modelo de convento se impone poco a poco, el internado aparece como el régimen de educación, sino el más frecuente, al menos el más perfecto" -14-
Este proceso de transformación de la enseñanza en Europa se inicia cien años antes de ser copiado en la Argentina y se va a dirigir a todas las instancias institucionales relacionadas con el control.
En nuestro país, la aplicación de estos conceptos es más progresiva y lenta, sujeta básicamente a la resistencia de un pueblo a los enunciados de la "civilización". Tendrá que ser derrotado Rosas, tendrá que sancionarse la Constitución, tendrán que aplacarse a sangre y fuego las rebeliones populares que se oponen a la dependencia, tendrá que ser masacrado el Paraguay en la llamada "guerra de la triple alianza".
Tendrá que exterminarse al indio y con éste al gaucho en la "Campaña del desierto", y por último tendrá que poblarse el país con "las viriles razas europeas" -como decía Alberdi- para que este modelo de control y vigilancia se aplique impunemente en todas las instancias institucionales.
Lo de Sarmiento serán pruebas de laboratorio donde la escuela servirá como efector del encauzamiento de la conducta. Pero, básicamente, tenderá a unificar criterios bajo el paño de la civilización y a no soportar las diferencias que podrían surgir o existir. Paralela- mente, lo propio se irá transformando en ajeno, mientras que la uniformidad asimilada será sinónimo de progreso, modernidad... "el jueves por la tarde venían las familias a visitar a las pensionistas, y el domingo salían éstas a sus casas hasta la puesta del sol, hora que por los estatutos debían recogerse, sin ser permitido a los padres de familia retenerlas en sus casas... Los dormitorios estaban ocupados por niñas de una misma familia, hermanas o primas, encabezando el grupo la de más edad, con el nombre de superiora del cuarto, responsable de las faltas que se cometieran en él. Todas las semanas se nombraba por turno a una niña grande para semanera, acompañada por otra menor. Sus deberes eran cuidar el aseo de los cuartos, dar a las cocineras las provisiones diarias, presidir y dirigir el servicio de la mesa, apuntar cuatro veces al día las variaciones del termómetro, pasar revista a una hora determinada de los cuartos de las niñas... Dia N° 18 de Agosto; cuarto N° 2: una pluma de escribir en el suelo, la basura en un rincón, el baúl 3° abierto... Y tal fue el progreso de los hábitos de orden con esa nimia escrupulosidad, que pasaron al fin semanas enteras en que la partida se escribía: sin novedad..." -15-.
El modelo había sido asimilado. La misma diligencia, la misma meticulosidad ya se había aplicado en Europa -y se estaba aplicando- en los talleres, las fábricas, los hospitales, las academias militares y por supuesto en las escuelas: "Todas las personas... al Ilegar por la mañana a su lugar antes de trabajar, comenzarán por lavarse las manos, ofrecerán a Dios su trabajo, harán el signo de la cruz y comenzarán a trabajar" -16-.
Curiosamente, la normativa se refiere casi exclusivamente a la cotidianeidad, poco o nada se habla de lo que se aprendía o cómo se tenía que trabajar.
La enseñanza pasará por la asimilación de las normas. Una enseñanza tapizada de símbolos: la limpieza, el orden obsesivo, la vigilancia permanente, son asociadas a la idea de progreso. Por otro lado, la Sociedad de Beneficencia continuaba repitiendo en forma regular la "Ceremonia de la virtud", los castigos también serán ejemplares. El modelo de los premios y los castigos atravesará el encuadre educativo. "En el primer examen anual, entre otras medallas... se dio una a la moralidad acompañada de una guirnalda de rosas blancas que el obispo puso en las sienes de la que había merecido tan alta distinción" -17-.
Las ceremonias de la virtud eran frecuentes, se hacía mención al sentimiento del deber comparándolo con el honor o el respeto religioso. Todo esto de alguna manera se sintetizará en la idea de templanza. El castigo por otra parte debía ser ejemplificador... "unos de esos días, los alumnos fueron convocados a reunirse y formar en el patio principal. Algunos rumores alarmantes habían preparado tristemente la expectación de aquella formación de ochenta y tantos alumnos. El Director y el Subdirector estaban al frente... Después de algunos minutos de silencio, el Sub Director dio orden a un ayudante de conducir a un alumno que días atrás estaba arrestado al lugar de la silenciosa formación... Cuando hubo llegado al lugar adecuado, el Sub Director en voz alta y tonante leyó un decreto del Ministerio de Instrucción Pública ordenando la expulsión del individuo... El Director le hizo severas observaciones sobre el delito cometido (actos repetidos de desobediencia), y le señaló la puerta por donde debía salir... Un criado le puso el sombrero, otro metió debajo del brazo un atado con su ropa, forzándole a tomar con el otro un par de botas usadas, y en presencia de todos los alumnos tuvo que dirigirse a la calle, acaso sin saber cómo encaminar sus pasos"...-18-.
Si la virtud era exaltada desde las ceremonias, lo mismo debía ocurrir con el castigo. Un castigo esencialmente ejemplificador y por ende normativo. Una norma, si se quiere diferente de castigar, ya sin el protagonismo del cuerpo, pero que aplica lo máximo de la penalidad ante la trasgresión. La expulsión en este caso simboliza una especie de condena hacia el exilio, hacia un nuevo espacio dentro del cuerpo social. Una suerte de degradación, que sugiere el tránsito hacia un nuevo lugar donde a su vez se aplicarían diferentes medidas tutelares y de control. Un sitio nuevo que servirá para la propia identificación de la norma con la consecuente ratificación. Un poder invisible había sorprendido a ese alumno. Un poder casi invisible lo castigaba. Pero en la aplicación de ese castigo, el poder sustentaba su presencia permanente, no sólo sobre quien era castigado sino sobre todo el grupo...
"No pudiendo pues descubrirse a los verdaderos culpables (se refiere a complot en otra escuela), se hizo lo que la prudencia aconseja hacer en todo cuerpo colegiado... echar a la suerte a un grupo de individuos y castigar a los que la casualidad designa, tan severamente como si fueran realmente los culpables, por esta sencilla razón, de que la injusticia hecha a un alumno no trae consecuencias trascendentes, mientras que al quedar burlada la patria potestad del Director, puede traer la desmoralización completa de un establecimiento" -19-.
Más allá de lo injusto de la medida -circunstancia que es lo suficientemente explícita-, tal vez lo principal pase por la infalibilidad en la aplicación del castigo. Es decir, no importa sobre qué se aplique, si existió trasgresor al control punitivo, actúa ratificándose y una ratificación es llamada moral o moralización.
Pero para la consolidación del modelo educativo hacen falta otros elementos. Surge por otro lado una nueva obsesión que aún hoy perdura: El registro. "Como medio de mantener la moralidad, a una hora determinada el Director, reunido al pensionado en el salón de estudios, se hacía leer en voz alta las notas del día, se escuchaban las excusas, y en un registro general se anotaban las que quedaban injustificadas" -20-.
El registro va a extenderse a la descripción del domicilio, los rasgos de conducta en la ocupación de los padres, el nivel de ingresos, los antecedentes "hereditarios", las enfermedades "sociales". Paulatinamente la escuela y las demás instituciones de control sabrán más, conocerán más a fondo a quienes normalizan, en forma progesiva los registros se multiplican. El propio registro necesitará tecnologizarse: la Historia Clínica, el Psicodiagnóstico, la Historia Social.
Es en este proceso de tecnologización cuando aparecen las disciplinas normativas en función de un modelo de país, entre ellas el Trabajo Social, que se fundará como una especie de campo de conocimiento del "afuera" institucional. Se agregarán así al registro los datos que hoy en día se aplican en cualquier Historia Social. El rol del trabajo social en la Argentina surgirá también como extensión de la normativa y frecuentemente se confundirá "norma" con "campo social".
El trabajo social alimentará el conocimiento inscribiendo, realizando descripciones, en el terreno de la cotidianeidad de la comunidad, de la familia... De esta forma, surgía a fines de siglo una "necesidad" de una disciplina que interviniera estrictamente en ese campo, mientras otras se ocuparán del cuerpo y la mente. Esa necesidad ya se expresaba con anterioridad en Europa. "Grupos religiosos, asociaciones de beneficencia, desempeñaron durante mucho tiempo este papel de organización de la disciplina" de la población. Desde la contrarreforma hasta la filantropía de la monarquía de Julio, se multiplicaron las iniciativas de este tipo: tenían objetivos religiosos (la conversión y la moralización), económicos (el socorro y la incitación al trabajo) o políticos (se trataba de luchar contra el descontento o la agitación).
Baste citar a título de ejemplo los reglamentos para las compañías de caridad de las parroquias parisienses: El territorio por cubrir se divide en cuarteles y cantones, que se reparten los miembros de la compañía. Estos tienen que visitarlos regularmente. "Trabajarán en impedir los lugares de perdición: tabaquerías, academias, juegos de naipes, escándalos públicos, blasfemias, impiedades y otros desórdenes que pudieran llegar a su conocimiento".
Habrán de hacer visitas individuales a los pobres, y los puntos de información se precisan en los reglamentos: estabilidad del alojamiento, conocimiento de las oraciones, frecuentación de loa sacramentos, conocimiento de un oficio, moralidad y "si no han caído en la pobreza por su culpa"; en fin, es preciso informarse hábilmente de qué manera se comportan en el hogar, si hallan la paz entre sí y con sus vecinos, si se cuidan de educar a sus hijos en el temor a Dios... si no hacen que duerman sus hijos mayores y de distinto sexo juntos y con ellos, si no toleran libertinaje y zalamerías en sus familias, principalmente a sus hijas mayores. Si hay duda sobre si están casados, hay que pedirles un certificado de matrimonio" -21-.
Esta constitución de un nuevo espacio del saber se relaciona estrechamente con lo que podríamos denominar la prehistoria del Trabajo Social. Pero esa necesidad de normalización tendrá en América Latina características particulares, no estará únicamente ligada a la actividad laboral o a la participación en la producción.
Será un instrumento operativo y eficaz en el control de la cultura. Conformándose de esta manera un instrumento eficiente para la vigilancia de los sectores populares, aquellos que poco tiempo antes fueran caracterizados como "bárbaros", como antinomia del modelo de civilización que quería imponerse...
"Hacer que los maestros lean en voz alta en las escuelas, a fin de dar el tono de la lectura a los alumnos. Corregir el mal tono, que a veces suele ser enfermedad crónica de una escuela. Anotar cuidadosamente el estado de las palabras provinciales, las nociones vulgares, los modismos plebeyos, los errores de pronunciación, las [h] aspiradas y las elipses que se han introducido en el lenguaje... Notar el estado de limpieza con que los alumnos se presentan, e introducir donde no las hubiere reglas de policía sobre el prendido del vestido, arreglo de las uñas, peinado y lavado de la cara y de las manos. Tomar nota sobre la proporción en que se presentan los niños andrajosos o incorrectamente vestidos. Prescribir el uso de poncho dentro de las escuelas" -22-, (de instrucciones a los visitadores de escuelas).
Es obvio que algunas de las cuestiones mencionadas tienen bastante actualidad... "El informe de ambiente deberá ser efectuado por Asistente Social y consignará entre otras circunstancias: escolaridad, la vivienda, la ocupación, situación moral y económica del menor grupo familiar" -23-.
Es así que en la lenta construcción de un modo de país, apoyado sobre las ideas de la Europa culta y civilizada, se dará paso al surgimiento de las disciplinas con un enfoque que tiene dos aspectos fundamentales: la consolidación de la dependencia y la conformación de nuevos modelos de control punitivo. Desde esta perspectiva, las disciplinas se fundarán en lo normativo, en el control, en la construcción y recreación de nuevos rostros, nuevas expresiones, nuevas categorías de estigmatización, que en el caso de nuestro país apuntarán casi exclusivamente a aquellos que conforman la esencia de la nación: los sectores populares.
De ahí que se haga necesario conformar un marco conceptual diferente que se exprese en nuevas categorías de análisis de la realidad, que se traduzca en un nuevo esquema metodológico, en nuevos instrumentos de acción. De esta manera, las teorización que podamos realizar, como así también su aplicación concreta en la práctica, darán al Trabajo Social un espacio distinto y fundamentalmente acorde con nuestra realidad.
Tal vez al Trabajo Social le ocurrirá lo mismo que a la psiquiatría hace 50 o 60 años, cuando nada podía producir por estar encerrada dentro del estrecho margen de los muros manicomiales.
Lo normativo, el orden asimilado, el control social, funcionan como condicionantes, como restricciones para la elaboración de nuevos encuadres y nuevas maneras de afrontar el trabajo cotidiano. Por esta razón, el Trabajo Social debe salirse de lo normativo, debe buscar caminos de articulación social, básicamente desde la desestructuración del estigma que caracteriza a quienes son sujetos -tanto a nivel grupal, individual o comunitario- de la práctica diaria.

Citas
-1- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 11. Educación Popular. -2- Departamento de Gobierno. Decreto de creación de la Soc. de Beneficencia. -3- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 11. Educación Popular. -4- Departamento de Gobierno. Decreto de Creación de la Soc. de Beneficencia. -5- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 11. Educación Popular. -6- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 11. Educación Popular. -7- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 11. Educación Popular. -8- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 11. Educación Popular. -9- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 11. Educación Popular. -1O- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 12. Educación Común. -11- Rosa José M. Prólogo a la Historia de la Confederación.(A. Saldias). -12- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 11. Educación Popular. -13- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 11. Educación Popular. -14- Foucault, Michel. Vigilar y Castigar. Siglo XXI. Colombia. 1987. -15- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 11. Educación Popular. -16- Foucault, Michel. Vigilar y Castigar. Siglo XXI Colombia. 1987. -17- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 28. Ideas Pedagógicas. -18- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 28. Ideas Pedagógicas. -19- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 28. Ideas Pedagógicas. -20- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 11. Educación Popular. -21- Foucault, Michel. Vigilar y Castigar. Siglo XXI. Colombia. 1987. -22- Domingo F. Sarmiento. Obras Completas. Tomo 28. Ideas Pedagógicas. -23- Provincia de Buenos Aires. Ley 10067. (De menores).
BIBLIOGRAFIA
* Allport, Gordon. La naturaleza del prejuicio. Eudeba. 1977. * Basaglia, Franco. La institución negada. Barral. Bs. As. 1972. * Ferrara. Floreal. Teoría Social y Salud. Catálogos. Bs. As. 1988. * Foucault, Michel. Vigilar y Castigar. Siglo XXI. Colombia. 1987. * Foucault, Michel. La verdad y las formas jurídicas. Gedisa. Barcelona. 1985. * Goffman, Erving. Internados. Amorrortu. Bs. As. 1984. * Goffman, Erving. Estigma. Amorrortu. Bs. As. 1984. * Gagneten, María. Hacia una metodología de Sistematización de la Práctica. Humánitas. Bs. As. 1987. *Prov. de Bs. As. Ministerio de Salud. Dirección de Salud Mental. Propuestas 1988.
* Datos sobre el autor: * Lic. Alfredo J. M. Carballeda Licenciado en Servicio Social Profesor Titular de Trabajo Social I (U.N.L.P.) Profesor Titular de Trabajo Social IV (U. Nac.Patagónica)

Sarmiento, Domingo: Instrucción Pública

Instrucción Pública
Domingo F. Sarmiento
En Educación Popular


El lento progreso de las sociedades humanas ha creado en estos últimos tiempos una institución desconocida a los siglos pasados. La instrucción pública, que tiene por objeto preparar las nuevas generaciones en masa para el uso de la inteligencia individual, por el conocimiento aunque rudimental de las ciencias y hechos necesarios para formar la razón, es una institución puramente moderna, nacida de las disensiones del cristianismo y convertida en derecho por el espíritu democrático de la asociación actual. Hasta ahora dos siglos había educación para las clases gobernantes, para el sacerdocio, para la aristocracia; pero el pueblo, la plebe no formaba, propiamente hablando, parte activa de las naciones. Tan absurdo habría parecido entonces, sostener que todos los hombres debían ser igualmente educados, como lo habría sido dos mil años antes negar el derecho de hacer esclavos a los vencidos, derecho sobre cuya práctica estribaba la existencia de las sociedades libres. No es mi ánimo hacer aquí la historia de la serie de acontecimientos y de conquistas que han traído a los pueblos cristianos al punto a que han llegado hoy. Será esto quizá el asunto de un trabajo especial. Por ahora bástenos el hecho de que cada progreso en las instituciones ha tendido a este objeto primordial, y que la libertad adquirida en unos países, el despotismo mismo en otros para hacerse perdonar su irregularidad, han contribuido poderosamente a preparar a las naciones en masa, para el uso de los derechos que hoy pertenecen ya a tal o cual clase de la sociedad, sino simplemente a la condición de hombre. Hay más todavía: los derechos políticos, esto es, la acción individual aplicada al gobierno de la sociedad, se han anticipado a la preparación intelectual que el uso de tal derecho supone. Nada habría parecido más conforme a razón que preguntar al que va expresar su voluntad en la dirección de los negocios públicos, si esa voluntad estaba suficientemente preparada y dirigida por una inteligencia cultivada y por la adquisición de todos los hechos que autorizan a prejuzgar sobre el bien o el mal público que puede producir la línea de conducta que haya de adoptarse. Pero los acontecimientos históricos se han anticipado se puede decir; y la ley no se atreve ya a poner por condición del uso del derecho que pertenece al hombre, por nada más que ser un ser racional y libre, la capacidad en que se haya de ejercerlo prudentemente.
Hasta no hace un año, podría decirse que existían entre los pueblos civilizados dos derechos civiles distintos: uno que se refería a la propiedad, otro a la persona; aquella como garante de la inteligencia de la otra. Esta diferencia sin embargo va a desaparecer con la última revolución de Europa, que dará por resultado final en la práctica, como ha dado ya en principio, el derecho de todos los hombres a ser reputados suficientemente inteligentes para la gestión de los negocios públicos por el ejercicio del derecho electoral, cometido a todos los varones adultos de una sociedad, sin distinción de clase, condición, ni educación.
Y esta igualdad de derechos acordada a todos los hombres, aún en los países que se rigen por sistemas tutelares, es en las repúblicas un hecho que sirve de base a la organización social, cualesquiera que sean las modificaciones que sufra accidentalmente por los antecedentes nacionales u otras causas. De este principio imprescriptible hoy nace la obligación de todo gobierno a proveer de educación a las generaciones venideras, ya que no puede compeler a todos los individuos de la presente a recibir la preparación intelectual que supone el ejercicio de los derechos que le están atribuidos. La condición social de los hombres depende muchas veces de circunstancias ajenas de la voluntad. Un padre pobre no puede ser responsable de la educación de sus hijos; pero la sociedad en masa tiene interés vital en asegurarse de que todos los individuos que han de venir con el tiempo a formar la nación, hayan por la educación recibida en su infancia, preparádose suficientemente para desempeñar las funciones sociales a que serán llamados. El poder, la riqueza, y la fuerza de una nación dependen de la capacidad industrial, moral, e intelectual de los individuos que la componen; y la educación pública no debe tener otro fin que el aumentar estas fuerzas de producción, de acción y de dirección, aumentando cada vez más el número de individuos que las posean. La dignidad del Estado, la gloria de una nación no pueden ya cifrarse, pues, sino en la dignidad de condición de sus súbditos; y esta dignidad no puede obtenerse, sino elevando el carácter moral, desarrollando la inteligencia, y predisponiéndola a la acción ordenada y legítima de todas las facultades del hombre. Hay además objetos de previsión que tener en vista al ocuparse de la educación pública, y es que las masas están menos dispuestas al respeto de las vidas y de las propiedades a medida que su razón y sus sentimientos morales están menos cultivados. Por egoísmo pues de los que gozan hoy de mayores ventajas en la asociación, debe tratarse cuanto antes de embotar aquel instinto de destrucción que duerme ahora, y que han de despertar la vida política misma, y la influencia de las ideas que se irradian sobre todos los pueblos cristianos. Si todas estas consideraciones que no hago más que apuntar no fuesen suficientes a formar convencimientos profundos, téngase presente además, que los Estados Sud Americanos pertenecen a una raza que figura en última línea entre los pueblos civilizados. La España y sus descendientes se presentan hoy en el teatro del mundo moderno destituidos de todas las dotes que la vida de nuestra época requiere. Carecen de medios de acción, por su falta radical de aquellos conocimientos en las ciencias naturales o físicas, que en los demás países de Europa han creado una poderosa industria, que da ocupación a todos los individuos de la sociedad, la producción; hija del trabajo, no puede hacerse hoy en una escala provechosa, sino por la introducción de los medios mecánicos que ha conquistado la industria en los otros países; y si la educación no prepara a las venideras generaciones, para esta necesaria adaptación de los medios de trabajo, el resultado será la pobreza y oscuridad nacional, en medio del desenvolvimiento de las otras naciones que marchan con el auxilio combinado de tradiciones de ciencia e industria de largo tiempo echadas, y el desenvolvimiento actual obrado por la instrucción pública que les promete progresos y desarrollo de fuerzas productivas mayores. Otro riesgo nacional y no menos inminente, es el que resulta de la inmigración de la industria extraña que puede y debe fatalmente aclimatarse entre nosotros La industria emigra de unas naciones a otras con los individuos que se expatrían buscando en suelo extraño mayores ventajas. Un crecido número de emigrantes de otras naciones que no sean la española, la única que nos es análoga en atraso intelectual e incapacidad industrial, traerá por consecuencia forzosa la sustitución de una sociedad a otra, haciendo lentamente descender a las últimas condiciones de la sociedad, a los que no se hallen preparados por la educación de su capacidad intelectual e industrial, la impulsión de progreso y la transformación que experimentará la sociedad; de donde es fácil vaticinar a millares de padres de familias que hoy disfrutan de una posición social aventajada, la posibilidad de que con la acción de nuevos hombres y con su mayor capacidad de adquirir, sus hijos en no muy larga serie de años desciendan a las últimas clases de la sociedad.
Nuestros esfuerzos deben ser mayores para educar completamente las generaciones próximas si se atiende a otras condiciones desfavorables que ha producido la colonización española. No bastaba el legado de atraso intelectual e industrial que nos ha dejado y que a ella en Europa misma la ha hecho descender a la insignificancia y nulidad en que hoy yace sumida, siendo nada más que una colonia en el seno de la Europa misma, a donde todas las demás naciones exportan sus artefactos para el consumo del pueblo que por incapacidad nacional no puede producirlos; no bastaba tampoco que nos legase la ineptitud civil que a ella misma tiene envuelta bajo el peso de deudas insolventes en el exterior, y del más espantoso desorden administrativo que se conoce en Europa en su interior; era preciso además que de la colonización misma resultase para nosotros un inconveniente con que habremos de luchar durante siglos. Todas las colonizaciones que en estos tres últimos siglos han hecho las naciones europeas, han arrollado delante de sí a los salvajes que poblaban la tierra que venían a ocupar. Los ingleses, franceses y holandeses en Norte-América, no establecieron mancomunidad ninguna con los aborígenes, y cuando con el lapso del tiempo sus descendientes fueron llamados a formar estados independientes, se encontraron compuestos de las razas europeas puras, con sus tradiciones de civilización cristiana y europeas intactas, con su ahínco de progreso y su capacidad de desenvolvimiento, aún más pronunciado si cabe que entre sus padres, o la madre patria. Debido a esta general capacidad de todos los individuos que componen la nueva nación, una vez que quedaban abandonados a sí mismos, y dueños de sus propios destinos, los pueblos descendientes de las naciones que colonizaron el norte de la América, han marchado de progreso en progreso hasta ser hoy la admiración de los pueblos mismos de la Europa, a quienes han dejado muy atrás en la aplicación de todos los principios, de todos los descubrimientos y de todas las máquinas, como auxiliares del trabajo, que ha revelado o aplicado la ciencia humana en todos los países civilizados. Muy de distinto modo procedió la colonización española en el resto de la América. Sin ser más humana que la del Norte, por aprovechar del trabajo de las razas indígenas esclavizadas, acaso por encontrarlas más dóciles también, incorporó en su seno a los salvajes; dejando para los tiempos futuros una progenie bastarda, rebelde a la cultura, y sin aquellas tradiciones de ciencia, arte e industria, que hacen que los deportados a la Nueva Holanda reproduzcan la riqueza, la libertad, y la industria inglesa en un corto número de años. No es posible decir cómo se trasmite de padres a hijos la aptitud intelectual, la moralidad, y la capacidad industrial, aún en aquellos hombres que carecen de toda instrucción ordenadamente adquirida; pero es un hecho fatal que los hijos sigan las tradiciones de sus padres, y que el cambio de civilización, de instintos y de ideas no se haga sino por cambio de razas. ¿Qué porvenir aguarda a Méjico, el Perú, Bolivia y otros estados sudamericanos que tienen aún vivas en sus entrañas como no digerido alimento, las razas salvajes o bárbaras indígenas que absorbió la colonización, y que conservan obstinadamente sus tradiciones de los bosques, su odio a la civilización, sus idiomas primitivos, y sus hábitos de indolencia y de repugnancia desdeñosa contra el vestido, el aseo, las comodidades y los usos de la vida civilizada? ¿Cuántos años, sino siglos para levantar aquellos espíritus degradados, a la altura de hombres cultos, y dotados del sentimiento de su propia dignidad? Y este mal que en aquellas secciones americanas es aparente y tangible, no es menos real en las otras partes donde la obra de fusión de ambas razas está ya operada; pero que no por eso opone menores dificultades al desenvolvimiento del conjunto de pueblos semi civilizados de Europa y de salvajes de la América. Cualquiera que estudia detenidamente los instintos, la capacidad industrial e intelectual de las masas en la República Argentina, Chile, Venezuela y otros puntos, tiene ocasión de sentir los efectos de aquella inevitable pero dañosa amalgama de razas incapaces o inadecuadas para la civilización. ¡Qué hábitos de incuria, qué limitación de aspiraciones, qué incapacidad absoluta de industria, qué rebeldía contra todo lo que puede conducirlas a su bienestar; qué endurecimiento en fin en la ignorancia voluntaria, en la escasez y en las privaciones de que pudieran si quisieran librarse; qué falta tan completa de todos los estímulos que sirven de aguijón a las acciones humanas!
Si me propongo hacer sentir hondamente la enormidad del mal, no es sin duda para que desesperemos de hallarle remedio. Por hondo que el abismo sea, no hemos de precipitarnos en él a sabiendas. Ruda es sin duda nuestra tarea, puesto que nos cumple llenar el déficit de suficiencia que ha dejado a la España en el límite dudoso que divide a los pueblos civilizados de los bárbaros, y el aumento de barbarie que nos trajeron la colonización y nos conservaron los indígenas. Pero el movimiento que hoy precipita a las naciones cristianas a una organización social cuyas bases, por anchurosas y grandes, no nos es dado ni alcanzar a medir con la vista, ni menos abarcar en sus detalles, nos impone, so pena de perecer bajo los escombros de las ya usadas formas sociales, el deber de prepararnos para la nueva existencia que asumirán bien pronto uniformemente todas las sociedades cristianas; que no será otra que el mayor desenvolvimiento posible de todos los individuos que componen la nación, allanando las dificultades que la organización actual opone al libre desarrollo de las facultades intelectuales y activas del hombre; protegiendo el Estado, o las fuerzas de la nación reunidas, todas las deficiencias individuales hasta lograr hacer partícipes de las ventajas de la asociación a todos los asociados, sin dejar excluidos como hasta aquí a los que no pueden bastarse a sí mismos. Todos los grandes acontecimientos del mundo han de ser de hoy más preparados por la inteligencia, y la grandeza de las naciones menos ha de estribar ya en las fuerzas materiales, que en las intelectuales y productivas de que puedan disponer.
Esto supuesto, ¿cuál de los Estados sudamericanos podrá decir que ha hecho lo bastante, para prepararse a la vida inteligente y activa que como republicanos y como miembros de la familia cristiana deben llevar a cabo? Hay tradiciones de raza que obran todavía poderosamente sobre nosotros, y perpetúan los males de que creíamos habernos librado por sólo el acto de desligarnos de la España. Todos los gobiernos americanos han propendido desde los principios de su existencia a ostentar su fuerza y su brillo en el número de soldados de que pueden disponer. Estado ha habido, que ha organizado por la primera vez ejércitos superiores a sus fuerzas cuando no quedaban ni presuntos, ni posibles enemigos que combatir. Grande necesidad es por cierto la existencia de los ejércitos para pueblos habituados a no sentir otros estímulos de orden que la coerción; la infancia de los gobiernos requiere también quizá esta ostentación de fuerza, que halaga aún a aquellos mismos sobre quienes su existencia gravita. Yo no desapruebo la existencia de ejércitos permanentes, condenados forzosamente a la ociosidad en América cuando no se emplean o en trastornar el orden, o en arrebatar la escasa libertad; pero el ejército satisface una necesidad de previsión del Estado; como la educación pública satisface otra más imperiosa, menos imprescindible. No es del todo probado que sin ejércitos permanentes, o siendo estos menos numerosos, el orden no se habría conservado en cada Estado, o que habrían habido más ni menos revueltas, a las que los ejércitos y los militares sin destino dan siempre pábulo y estímulo; pero es muy seguro que no educando a las generaciones nuevas, todos los defectos de que nuestra organización actual adolece continuarán existiendo, y tomando proporciones más colosales, a medida que la vida política desenvuelve mayores estímulos de acción, sin que se mejore en un ápice la situación moral y racional de los espíritus. Se gastan en unos Estados más, en otros menos de dos millones de pesos anuales en pertrechos de guerra, y personal del ejército.
¿Cuánto se gasta anualmente en la educación pública que ha de disciplinar el personal de la nación, para que produzca en orden, industria y riqueza lo que jamás pueden producir los ejércitos? La historia doméstica de cada Estado sudamericano está ahí para responder tristemente a esta pregunta. Las fuerzas productivas de una nación dependen menos de la feracidad del suelo (salvo casos excepcionales) que de la capacidad general de los habitantes. Todos estamos de acuerdo sobre la ineptitud industrial de nuestras masas, producida por la falta de tradiciones de trabajo, y de la adquisición de muchas de aquellas prácticas, implementos y útiles de industria que no son sino la aplicación de las verdades matemáticas o los principios de la mecánica, y que están generalizados entre las otras naciones. La instrucción derramada con tenacidad, con profusión, con generalidad entre la clase trabajadora, sólo puede obviar a la insuperable dificultad que a los progresos de la industria oponen la incapacidad natural de nuestras gentes. Sabido es de todos, no ya la imperfección, desaseo, incuria y abandono del servicio de nuestros domésticos, la rudeza .y estado embrionario de nuestros trabajos agrícolas, sino también la imposibilidad de establecer las más simples fabricaciones por la ineptitud de los trabajadores del país, para poner en movimiento y mantener en buen estado de conservación los más simples aparatos. Dos fábricas en Santiago han debido la ruina de sus propietarios a esta causa principal. Los trabajadores inutilizaban las máquinas cada semana; los herreros que debían repararlas no comprendían nada de su mecanismo, y si algún extranjero se encontraba instruido, pedía por ello precios exorbitantes, que a la larga hacían ruinosa la conservación del establecimiento.
Mil datos preciosos ha colectado ya la estadística inglesa y francesa, sobre la influencia que en la aptitud fabril e industrial ejerce tan sólo un rudimento de instrucción pero no haré mérito sino de las declaraciones obtenidas oficialmente en los Estados Unidos, de los fabricantes interrogados al efecto. Las respuestas de los individuos dejarán fácilmente traslucir el objeto y contenido de las preguntas. M.J.K. Mill dice. "La casa de negocio que poseo ha tenido durante 10 años la principal dirección de molinos de algodón, máquinas y obras de estampados en las cuales están constantemente ocupadas 3000 personas. Las opiniones que he formado de los efectos de la educación dada en las escuelas primarias sobre nuestra población manufacturera, son el resultado de mi observación personal, y confirmadas por el testimonio de los agentes y directores que están en contacto inmediato con los trabajadores. De ellas resulta.
“1º Que los rudimentos de una educación en las escuelas primarias son esenciales para adquirir destreza y habilidad como trabajadores, o consideración y respeto en las relaciones sociales y civiles de la vida.
“2. ° Que los pocos que no han gozado de las ventajas de una educación primaria jamás salen de la última clase de operarios, y que el trabajo de esta clase es improductivo, cuando se le emplea en operaciones fabriles, que requieran el más mínimo grado de destreza mental o manual.
“3. ° Que una gran mayoría de jefes de taller, y otros empleados que requieren un alto grado de saber en ramos particulares, lo cual exige a veces un conocimiento general de los negocios, y siempre un irreprochable carácter moral, han hecho su carrera desde simples operarios, sin más ventaja sobre la gran porción de aquellos a quienes han dejado atrás, que la que resulta de una educación mejor. De la comprobación de los libros de una de las compañías manufactureras bajo nuestra dirección, resulta el número relativo de las dos clases, lo que puede servir para apreciar todos los demás.
“El término medio de obreros empleados en los últimos tres años es de 1200, de los cuales 45 son incapaces de escribir sus nombres. El término medio de salario para las mujeres en los departamentos que exigen mayor inteligencia es de 20 hrs. por semana. El ínfimo salario es de 1 ps. 60 céntimos. De los 45 incapaces de escribir los 2/3 están empleados en los trabajos más ínfimos.....Es muy rara la falta de educación entre nuestros hombres y muchachos empleados en las fábricas de algodón; y creo que los mejores molinos de algodón de Nueva Inglaterra con operarios como los 45 arriba mencionados, no darían producto ninguno, y que las máquinas se arruinarían completamente.
No puedo imaginar situación alguna en que la falta de una buena educación primaria sea más severamente sentida, o acompañada de consecuencias peores, que en nuestras villas manufactureras.”
J. Clarck se expresa así. "En nuestro libro de paga están inscriptos los nombres de 1229 operarios mujeres, 40 de las cuales, por recibo de sus salarios ponen una marca: 26 de estas están empleadas por tarea. La paga media del trabajo de estas es de 18,1/2 por ciento menos que la de todos las demás ocupadas en el mismo departamento. Tenemos además 50 mujeres que en diversas épocas se han ocupado en enseñar en las escuelas. El salario medio que ganan estas es 17,1/2 por ciento mayor que el término medio pagado en todos los molinos, y 66 por ciento más que el de las 26 que no saben escribir sus nombres."
M. Crane, empresario de caminos de hierro, subministra los siguientes datos. "Mi principal negocio, dice, ha sido durante 10 años abrir caminos de hierro, en lo que he tenido constantemente empleados de 50 a 350 trabajadores, casi todos irlandeses, con excepción de los superintendentes, habiendo tenido bajo mi dirección como 3000 hombres en todo, de los cuales podían leer y escribir uno por cada ocho: independientemente de sus dotes naturales, los que podían leer y escribir, y tenían algún conocimiento en aritmética, han mostrado constantemente gran prontitud en aprender lo que de ellos se exigía, y saber ejecutarlo, y han ideado con más facilidad nuevos modos para hacer la misma cantidad de obra. Muchos de estos hombres han sido hechos superintendentes y son hoy empresarios."
M. H. Bartlett : “Me he ocupado durante 10 años en manufacturas y he estado a cargo de 400 a 900 personas. He estado por tanto en contacto con una gran variedad de caracteres y disposiciones, y no trepido en afirmar que he encontrado que los más bien educados son los que más obra producen; y que aun entre las mujeres que sólo asisten las máquinas, se ve un resultado proporcional a las ventajas obtenidas en la infancia por la educación, dando invariablemente mejor producción aquellas que han recibido una buena educación primaria, que las que se han criado en la ignorancia.”
Un hecho más concluyente aún es el que presentan las fábricas de Lowell, que pagando triples salarios que las fábricas inglesas, con doble costo en las máquinas, pueden competir en baratura y perfección de los productos con la fabricación inglesa, atribuyéndose exclusivamente este resultado a las ventajas que en educación llevan los trabajadores americanos a los ingleses.
M. Combe, el filósofo frenologista inglés, inculcando sobre la necesidad de establecer en Inglaterra un sistema de educación pública, da algunos detalles curiosos que no carecen de aplicación a nuestros pueblos. "Yo he vivido, dice, cerca de dos años en Alemania, y tengo alguna experiencia sobre la condición y cualidades de su pueblo. He visitado la Prusia, Sajonia, Baviera, Badén, Bohemia y Austria, y tenido ocasión no sólo de conversar con hombres y mujeres muy ilustrados de estos países, sino también de vivir en estrecho contacto con porciones del pueblo bajo; empleando algunos de entre ellos como domésticos y muchos otros como guías temporarios, cocheros, traficantes, &c.
En algunas partes de Alemania, Hesse Homburg por ejemplo, los dominios austriacos y Bohemia, el pueblo bajo ha gozado del beneficio de escuelas colocadas bajo la dirección del clero y la influencia de la civilización europea.
Pero en Prusia, Sajonia y la Alemania del sudoeste en general, a más de aquella se ha aplicado por la ayuda del estado una más rigorosa educación secular. La diferencia de resultados es palpable. En los primeros países el pueblo es generalmente no sólo ignorante sino lamentablemente estúpido, y en la edad adulta, casi incapaz de instrucción. Aseguro esto, apoyado en la aseveración que de ello me han hecho patriotas filantrópicos e ilustrados que en aquellos países trabajaban con juicioso ahínco en la mejora del pueblo en sus propias localidades. La constante queja era: nuestro pueblo es tan estúpido, son tan abandonados que no se guían por las instrucciones que les damos, ni ponen en práctica con juicio y perseverancia los medios de mejora que ponemos en sus manos. La misma observación he oído de parte de los filántropos de Dorsetshire, que me han preguntado: ¿por qué es que nuestro pueblo no es sólo ignorante, sino tan obtuso que parece incapaz de aprovechar de lo que deseamos hacer por él? Los propietarios irlandeses preguntan lo mismo. ¿Cómo es que aunque nosotros señalemos a estas gentes los medios de mejorar su condición, y los ayudemos para hacerlo, hay una constante tendencia en ellos, a relajar sus esfuerzos y caer de nuevo en sus antiguos hábitos? Una sola respuesta puede darse a esto. La falta de ejercicio y de educación del cerebro obstruye el juego de los poderes mentales; es débil, y pronto se fatiga; carece de actividad espontánea; y de allí es que cuando se le deja de excitar por atracciones exteriores, cae en la inacción, y el alma no toma interés por bien futuro alguno, que haya de ser comprado a costa de un penoso esfuerzo presente.
“Como un contraste de esta condición de las masas ineducadas de Austria, Bohemia y la descuidada porción de Alemania, donde aún prevalece la inercia del siglo diez y siete, puedo asegurar que en los países donde el sistema prusiano de educación ha estado en fuerza por 20 o 30 años, hay palpablemente una actividad mental más grande, mayor capacidad de mejora en las más ínfimas clases del pueblo, que no solamente sabe mas, sino que es más capaz de aprender. El hábito de acción del cerebro, contraído desde la infancia, ha hecho comparativamente fácil el pensar; y el aumentado vigor ha hecho más fácil y agradable el perseverante esfuerzo en prosecución de fines morales; en una palabra, el alemán no educado es hoy semejante al montañés de Escocia, al paisano de Irlanda y al labrador de Dorsetshire, no solamente ignorante sino débil de espíritu; mientras que el alemán que ha pasado por la educación e instrucción de las escuelas prusianas, se aproxima mucho más a la condición de nuestros educados, inteligentes y enérgicos operarios de Manchester y Birmingham. La gran recomendación del sistema prusiano está en que abraza los miembros más ínfimos de la masa social; y cuando se compara la presente condición de aquella clase en Prusia con lo que era antes, y lo que continúan siendo sus iguales en Alemania, no puede parecer fuera de propósito decir, que la educación ha puesto un alma bajo la mortaja de la muerte misma.”
Los datos estadísticos en cuanto al grado de moralidad adquirida por los que han recibido alguna educación primaria, confirman aún más aquella idoneidad del espíritu a mejorar la condición del individuo por el solo hecho del haber estado en ejercicio. Bastará observar lo que en los ejércitos y en las fábricas se nota, que los que saben leer visten con más aseo, y tienen más orden y método en todas sus acciones, y una constante aspiración a mejorar de condición. La estadística criminal inglesa acaba en 1846 de fijar por los hechos y la comparación la cuestión muy debatida sobre si el simple acto de aprender a leer y escribir, aunque no se hayan después empleado estos medios para adquirir instrucción, basta por sí solo a ejercer alguna influencia sobre el carácter moral de los individuos; pronunciándose victoriosamente las cifras por la afirmativa; a causa quizá de la capacidad y fuerza que con el más débil ejercicio adquieren las facultades mentales, las cuales a su vez obran sobre el carácter moral, por aquella misma ley que hace que la humanidad vaya ablandando sus costumbres, y tomando mayor repugnancia a la violencia y al derramamiento de sangre, a medida que se civiliza por los progresos de las ciencias. La estadística francesa subministra datos análogos que citaré más detalladamente. Se ha pretendido, dice M. Allard, que los crímenes y los delitos aumentaban al mismo tiempo que la instrucción, y los amigos de la instrucción primaria han dejado por lo general, pasar sin combatirlas las objeciones que se la hacen como si las reconociesen fundadas. Según los cuadros estadísticos publicados anualmente por el ministro de justicia sobre 10,000 acusados cuyo grado de instrucción ha sido comprobado, se encuentran 4,359 solamente que saben al menos leer, y 5,641 que son completamente iletrados. Ahora sobre 10,000 habitantes, se encuentran 5,040 que saben leer, y 4,960 completamente iletrados. Hay pues una diferencia de 681, que corresponde a 16 por ciento en favor de la parte de población que ha recibido alguna instrucción. En efecto el número de los que han frecuentado las escuelas se eleva sobre un término medio de 10,000 habitantes, a 5,040, mientras que no hay en término medio más que 4,359 entre 10,000 acusados. Este primer hecho prueba que la instrucción moraliza las poblaciones, pues que hay relativamente más acusados entre la gente iletrada, que entre los que han recibido alguna instrucción.
Pero los adversarios de la instrucción dicen que el número de acusados que saben leer ha aumentado mucho, y que debe atribuirse este resultado al acrecentamiento del número de escuelas. Pero si el número de acusados letrados aumenta, es a causa de que hay aumento en el número de personas que saben leer. Puede llegar también el caso, en que todos los acusados sean letrados, cuando todos los habitantes sin excepción alguna, hayan en su infancia frecuentado las escuelas primarias, lo que en efecto sucede en algunos estados de la Federación norteamericana. Para demostrar que esta acusación es infundada, no deben pues limitarse a probar que el número de acusados letrados ha aumentado, sino que es preciso probar también que ha aumentado en una proporción más considerable que la de los habitantes que saben leer.
Ahora, el número de acusados que saben al menos leer era de 3,981 sobre 10,000 en 1828, y de 4,375 sobre 10,000 en 1842. El aumento corresponde un 9 por ciento; pero según resulta de los estados militares, el número de gentes letradas sorteadas para el ejército había aumentado en el mismo período de tiempo de un 35 por ciento; luego el número de acusados letrados ha aumentado en una proporción cuatro veces menos fuertes que el de jóvenes letrados.”
Pero a mi juicio no es sólo en las cifras de la estadística criminal donde deben buscarse solamente los efectos moralizadores obrados por la influencia de la cultura que dan al espíritu la adquisición de los primeros rudimentos de la instrucción. Cada uno ha podido apercibirse de una práctica que empieza aun entre nosotros mismos, y que es ya general en todos los pueblos civilizados, a saber, la costumbre de anunciarse en el frente de los edificios, las fábricas, almacenes, efectos, libros que contienen, con los nombres de abogados, médicos, ingenieros, y cuantas profesiones y objetos pueden llamar la atención a los pasantes. Esta práctica que de las ciudades europeas y norte-americanas hace un inmenso cartel, o una minuta de cuanto en ellas se contiene supone en el público el conocimiento de la lectura, para que los ojos puedan recorrer al paso aquellos significativos caracteres. No es posible sin duda darse una idea de la influencia civilizadora que tal práctica ejerce sobre la masa popular, sino apreciando lo que ignora el hombre que no sabe leer, de aquello mismo que lo rodea, y sirviera a satisfacer sus necesidades, a tener noticia de su existencia.
Sucede otro tanto con los vestidos. No hay obstáculo mayor para la civilización de la muchedumbre que el que opone la forma de los vestidos, que en nuestros países tienen un carácter especial en las clases inferiores de la sociedad, de cuyo uso resulta para los que lo llevan inmovilidad de espíritu, limitación de aspiraciones por lo limitado de las necesidades y hábito inalterable de desaseo y perpetuo desaliño. Ahora es un hecho observado constantemente en las fábricas norteamericanas e inglesas, en el ejército francés, y pudiera hacerse entre nosotros la misma observación, que los individuos que saben leer visten de ordinario con más arreglo y aseo, tienden a adoptar el traje que pertenece a las clases superiores que ha llegado a ser hoy el distintivo sine qua non de los pueblos cultos, y adquieren hábitos de limpieza en sus vestidos; siguiendo el desenvolvimiento de estas cualidades en la misma escala ascendente en que marcha el grado de instrucción del individuo.
Nótase este resultado sobre todo en los Estados Unidos donde la gran mayoría sabe leer, escribir y contar, con muy diminutas excepciones. Aquel espíritu de progreso no se limita al simple vestir que desde el más ínfimo leñador hasta el banquero es uno mismo en sus formas diversas de paleto, levita, fraque, sobre todo, sin más diferencia que la calidad de las telas, sino que se extienden a la forma de las habitaciones, al amueblado, menaje y a los aperos de labranza, y demás utensilios domésticos. Quien haya estudiado en nuestras campañas la forma del rancho que habitan los paisanos, y aun alrededor de nuestras ciudades como Santiago y otras los Huangualies de los suburbios, habrá podido comprender el abismo que separa a sus moradores de toda idea, de todo instinto y de todo medio civilizador. El huangualí nuestro es la toldería de la tribu salvaje fijada en torno de las ciudades españolas, encerrando para ellas las mismas amenazas de depredación y de violencia que aquellas movibles que se clavan temporariamente en nuestras fronteras. A la menor conmoción de la república, a la menor oscilación del gobierno, estas inmundas y estrechas guaridas del hombre degradado por la miseria, la estupidez y la falta de intereses y de goces, estarán siempre prontas a vomitar hordas de vándalos como aquellos campamentos teutones que amenazaban la Europa y la saquearon en los siglos que sucedieron a la caída del imperio romano. No sucede así en los Estados Unidos, donde la difusión de la lectura ha asimilado la manera de vivir del rico y del pobre. Las casas de unos y otros en proporciones distintas tienen sin embargo las mismas formas, iguales materiales entran en su construcción, y el menaje y los utensilios son de la misma clase, aunque de calidades diversas. Las fábricas de hierro, por ejemplo, proveen de aparatos de cocina a precios distintos según la capacidad y necesidades del comprador, a todas las clases de la sociedad; y los aperos de labranza, los arados, las hachas, son suministradas aun a los más remotos campesinos por las fábricas más acreditadas, y según los modelos más perfectos. De aquí resulta para aquellos estados, que las fuerzas de producción se han decuplicado en comparación de la Europa misma, por la razón muy sencilla de que siendo todos capaces de leer y teniendo el hábito de recorrer los diarios, encuentran en ellos los avisos de cuanto invento útil se hace, la receta de un nuevo proceder en agricultura o en las artes mecánicas, la descripción de una nueva máquina aplicable a los usos domésticos, y los precios menores a que pueden obtenerse y con mayor perfección los utensilios y objetos que les son ya conocidos, de donde resulta que los progresos de la civilización, y los descubrimientos de las ciencias, que en otras partes, en Europa mismo, tardan años y años en hacerse populares y aun conocidos, allí se propagan en un sólo año y van hasta las extremidades lejanas de los bosques a recibir inmediata aplicación, y producir las ventajas en economía de costos y mayor cantidad de productos que se proponen alcanzar.
La moralidad se produce en las masas por la facilidad de obtener medios de subsistencia, por el aseo que eleva el sentimiento de la dignidad personal y por la cultura del espíritu que estorba que se entregue a disipaciones innobles, y al vicio embrutecedor de la embriaguez; y el medio seguro infalible de llegar a estos resultados, es proveer de educación a los niños, ya que no nos sea dado hacer partícipe de los mismos beneficios a los adultos. La concurrencia de los niños a la escuela, trae el efecto moralizador de absorber una parte de tiempo, que sin ella sería disipado en la ociosidad, y en abandono; habituar el espíritu a la idea de un deber regular, continuo, le da lo que es hábitos de regularidad en sus operaciones; añadir una autoridad más a la paterna, que no siempre obra constantemente sobre la moral de los niños, lo que empieza ya a formar el espíritu a la idea de una autoridad fuera del recinto de la familia; últimamente la reunión de masas de individuos, la necesidad de contener entre ellos sus pasiones, y la ocasión de estrechar relaciones de simpatía, echa sin sentirlo los primeros rudimentos de moralidad y de sociabilidad tan necesarios, para prepararlos a las obligaciones y deberes de la vida de adultos; estas son las influencias indirectas que en cuanto a las más inmediatas los documentos y observaciones que preceden dejan traslucir toda su extensión. Sería una cosa digna de una estadística precisa y formada expresamente para el objeto, la comparación de las fuerzas de una nación, no ya según el número de habitantes que cada una posee, sino según el mayor grado de desenvolvimiento que a sus masas da la educación recibida. Algunos estados del norte de América pueden servir de término de comparación, y desafiar a éste respecto a las naciones que de más cultas blasonan en la tierra. Compararíase, por ejemplo, a cuántos millones de hombres corresponden en fuerzas morales y productivas veinte millones de norteamericanos que saben leer, escribir, contar, y poseen otros ramos de instrucción, que visten todos fraque, llevan reloj, comen carne abundantemente, habitan en casas aseadas, ventiladas, pintadas, con vidrios, estores y chimeneas; trabajan con arados y hachas de patente; poseen mil máquinas caseras para auxiliarse en el trabajo; leen diarios y libros, y tienen hecho voto de no beber licores espirituosos, y gozan de derechos políticos y ocupan sus horas de descanso en elegir sus magistrados; y por cuantos millones de hombres educados así, podrían trocarse sin pérdida para el estado 18.000,000 de individuos que poseía no ha mucho la Francia por ejemplo, que jamás han calzado zapatos, que llevan una blusa de nanquín desgarrada por todo vestido, que jamás o rara vez han tenido carne por alimento, que viven en desvanes o guardillas, no saben leer, y olvidan en la embriaguez y en la crápula los males que sufren.
Ni debe arredrarnos la dificultad de llegar a obtener por resultado una mejora en la condición de nuestras masas, tan rápida que la generación presente alcance a cosechar sus ventajas. No datan tan de antiguo las leyes y los esfuerzos que en la mejora de la instrucción pública se han hecho en otras partes. En Francia estaba casi en el estado en que nosotros nos hallamos la educación popular antes de la revolución de 1830, que inspiró la ley de 1833: quince años pues tiene solo de existencia la acción ordenada del estado, y de las fuerzas nacionales para desenvolver generalmente la inteligencia popular. La legislación de Nueva York data de 1812 solamente, solo mucho tiempo después se instituyó la superintendencia de escuelas que ha dado animación y vida al sistema: los demás estados norteamericanos han adoptado después y hasta 1845, han estado organizando sus sistemas de educación publica, aunque era bien antigua la práctica de dar escuela a todos los niños En Massachusetts data la educación popular desde 1637, época de la fundación de las colonias; pero solo en 1838 se dictó la ley actual de instrucción pública; y en 1839 se creó el Borrad de Educación que la inspecciona; pudiendo decirse que el brillo que arroja aquella institución y los asombrosos progresos hechos en los últimos nueve años, se deben casi en su totalidad a la acción de un solo individuo dotado de capacidad, voluntad e influencia suficiente para obrar tamaño bien, ilustrando la opinión del público y del gobierno, alentando a los apocados, concentrando e impulsando la acción de los animosos amigos del progreso, señalando los obstáculos y guiando por el buen sendero que sus largos estudios, sus viajes y su diaria consagración le indican. La mayor dificultad que a la difusión de la instrucción se opone entre nosotros nace de que no se quiere bien lo mismo que se desea; de que no hay convicciones profundas, y de que no se ha sondeado bastante la llaga, ni apreciado suficientemente la extensión del mal. Cuando aquella convicción nazca de este estudio, la aplicación del remedio parecerá a todos cosa fácil y hacedera, puesto que nada vamos ha inventar, nada ha crear que no haya sido ya puesto en práctica en diversos países y dado resultados completos, habiendo todo el mecanismo de procedimientos convertídose en leyes y reglamentos vigentes, de una aplicación practicable bajo todas las condiciones de localidad, y según cada grado de civilización, y sistema de gobierno de las naciones que los han ensayado.
Los siguientes capítulos serán consagrados al examen ordenado de estas cuestiones, y el legislador, el gobernante, y el ciudadano anheloso por el bien de su país, verá al recorrerlos, que nada o muy poco queda en el terreno de lo incierto y dudoso; que el camino está ya explorado; conocidos los medios; y en general indicada la marcha que ha de seguirse para obtener los resultados con economía de gastos, brevedad de tiempo y seguridad en la aplicación de los principios claros y precisos que deben guiar a las naciones en punto tan importante para su ventura.